lunes, 27 de febrero de 2012

Apaporis, mucho nombre para ese documental

Indignado porque Apaporis únicamente estuviera disponible en tres salas de cine de la ciudad, mientras películas de Dago García y Harold Trompetero saturan nuestros teatros, llego a la sala con grandes expectativas por lo visto en los cortos, por lo dicho en columnas, porque se dice que se inspiraron en El Río, el cual leí y me encantó.

Las primeras imágenes muestran un sol que baila por los efectos de quién filma mientras va conduciendo, la narración en inglés con una buena voz mejora la experiencia, las expectativas aumentan por ver las fotografías de Schultes junto con la entrevista a Davis y el Jirijirimo.

La aparición de Antonio Dorado con su pinta mezcla de Indiana Jones bolivariano y hippie, con zandalias, bolso de cuero, libro rayado y camisa indú, dieron las primeras ideas de lo que estaría por venir.

Súbitamente aquella narración del comienzo cambia, ahora en español, me siento en lo que Bones definió como "narración de peluquero", no nos mal interpreten, no tenemos nada en contra de los peluqueros, sólo que nos sentimos en el lugar equivocado. 

Mi mente se sitúo entonces en los años 60 (que no viví), específicamente facultad de sociología (donde no estudié), donde profesores con voz ensoñadora (dormían a todo el mundo) narraban en primera persona las hazañas ajenas, como si hablaran con el autor.
De EEUU a Mitú, atrás quedó Davis y aparece la selva amazónica en la ventana del avión, literalmente en la ventana pues las gotas de lluvia y los rayones del vidrio distorsionan la imagen, una toma general del pueblo y tres de la toma de Mitú en 1998 por la guerrilla; Dorado cree que nadie en el mundo sabía que en Colombia se secuestra, que hay guerrilla, paras, narcotráfico y tala de selva.
Desconoce que Davis ha vivido en Colombia y conoce la selva mejor que muchos colombianos, incluido Dorado. Así que aduce no traer a Davis a Colombia por seguridad, Dorado en busca del drama protagónico manifiesta no saber si se encontrará con la guerrilla en su odisea.

Lo que pudo ser una bella muestra de la selva colombiana y las culturas que la habitan, se convierte en una serie de reflexiones de Dorado con Dorado, sobre lo que entendió del libro, mezcla de sollozos y clichés.
Las imágenes del hoy se mezclan con las imágenes del ayer, supongo se lee bonito, pero en la película resulta un salpicón de una toma buena y tres malas notas de prensa, salpicadas con primeros planos del sujeto-objeto de estudio y documental, es decir Dorado. Al bajarse en Buenos Aires su expresión profunda frente a la magnificencia del paisaje y la comunidad fue la de estar preocupado por no tener celular.
De los 17 días para los que alcanzó el presupuesto, la mitad de las grabaciones se van en el sujeto-objeto (Dorado), el bote y los píes de un indígena, así que no esperen ver al Apaporis. Prepárense para ver 3 segundos de Chiribiquete (desde el avión), 4 minutos de los raudales de Jirijirimo y cuatro veces las mismas escenas de la guerra contra el narcotráfico en Colombia (imágenes de hace 20 años), dos para delante y dos de para atrás.
Esas últimas (las que van para atrás) como una metáfora del sueño del sujeto-objeto (Dorado) que nunca se alcanzará, paz, amor y selva.
El culmen se da con un intento por documentar la resurrección de un ave con cumare, que a duras penas resulta en una cámara movida quizás porque quien filmaba estaba siendo picado por los bichos ó porque era quien estaba resucitando.
 Aunque en un documental no se califica la actuación, en el caso de Dorado hace mal su papel, es decir, Dorado per se actúa mal haciendo lo que hace.
Para quienes tenemos la fortuna de haber visto el Apaporis, la selva colombiana, las culturas indígenas, para quienes hemos leído El Río, este documental raya en la ofensa.
Salgo indignado, es increíble que haya tres salas de  cine donde se presente esto, al menos Dago García y Harold Trompetero no tienen ínfulas de intelectuales.

martes, 7 de febrero de 2012

¿Por qué citar? - Sobre citas y referencias

Con la entrega de las calificaciones de unos ensayos a mis alumnos, algunos me preguntaron, ¿por qué me pide citar si era un ensayo libre?, lo primero que se me vino a la cabeza fue responder: "porque estudian administración de empresas turísticas y no comunicación social"; no lo tomen a mal, me refiero a que uno de los principios de los comunicadores es no revelar sus fuentes.

Luego me puse en su lugar (el de mis estudiantes) y debo reconocer que no siempre fui bueno con las citas, especialmente en mi adolescencia cuando debido a mi timidez tuve que esperar a que las chicas me invitaran; tampoco era bueno con las referencias, siempre que daba alguna de alguien, ese alguien quedaba mal en el trabajo. Por obvias razones en esa época yo tampoco citaba ni referenciaba.

Ya desde su lugar vuelvo a pensar ¿por qué citar?, ¿por qué incluir referencias?. Desafortunadamente en la era de la información y las comunicaciones tenemos un océano de datos y conocimientos fluyendo a través de la TV, la Internet, la prensa y son contados los casos en los que estos nuevos medios reconocen los créditos de quién investigó, creó, diseñó o escribió.

Como saben soy diseñador, trabajo como investigador y he escrito algunas publicaciones, como diseñador e investigador, me dolía cuando alguien copiaba mis diseños o repetía algo que escribí sin decir que yo lo había hecho. Pero recuerden que me puse en el lugar de los alumnos, volví a cuando estudiaba diseño, me encontraba con que el día de la entrega, ese mi diseño que yo creía era único, ya había sido diseñado y los profesores me rajaban, ¿por qué? me preguntaba, pues por no haber hecho análisis de existentes y de tendencias, si hubiera dicho que me inspiré en ellos pues no me hubieran rajado.

Ese mismo análisis de existentes se convertiría en el estado del arte de la maestría, donde choqué mil veces con la linealidad y la cuadrícula del método científico, con los choques planteé mi inconformismo, pero por ser ciencias debía contar con argumentos sólidos para defenderme, resultó que ese mismo inconformismo había sido planteado por otros quienes fueron capaces de ir más allá del método científico, me sentí identificado, esos otros tipos de pensamiento me inspiraban, lo mínimo era reconocer a esos otros que me dieron las bases para enriquecer mi crítica y mi análisis.

Un ensayo generalmente expresa tu posición crítica de algo, lo mínimo es que reconozcamos tanto los autores de eso que criticamos, como a quienes nos brindan los argumentos para criticar; citar es un acto de reconocimiento, respeto y justicia.

Podemos argumentar que son ideas propias, que las aprendí con la vida, como me pasó hace unos días con un investigador: ¿yo por qué debo citar que alguien dijo que el desarrollo del turismo en Colombia se enfoca en la costa caribe?, ¿por qué?, si eso es obvio lo sé por experiencia.
- ¿Cómo llegaste a esa conclusión?, le pregunté.
- Pues porque en los planes desarrollo, de turismo, tanto nacionales como regionales lo dice, mire a dónde llegan más turistas.
- Entonces ya sabes a quienes citar, respondí.