Ensayo presentado a la Profesora: Olga María Bermúdez, Cultura y ambiente.
En el corazón de la crisis planetaria – el Evangelio de la perdición. Edgar Morín
El presente ensayo parte del texto “En el corazón de la crisis planetaria”, del libro la Violencia del Mundo, me centraré en la discusión de algunos puntos que considero más relevantes, si bien en la mayoría de ellos encuentro gran cercanía con el autor, trataré de analizar algunos de sus planteamientos desde la realidad próxima.
Desde el título Morín plantea parte de su propuesta de solución, se vive una crisis que trasciende al individuo, la ciudad y el estado, se trata de una crisis planetaria, al ser planetaria requiere de una solución compleja, de una visión ampliada, vinculante con todos los miembros de la sociedad; dicho sea de paso que planetaria no equivale a una crisis global.
Morín(2001), dice con razón que ese fenómeno que denominamos globalización no nace en los noventa sino que viene desde el descubrimiento y la conquista, que impuso el modo europeo a una América que ni siquiera su nombre conserva. Si bien desde los 90, la aceleración del modelo impuesto ha aumentado, lo cierto es que para los americanos y más los latinoamericanos, la pérdida de la identidad cultural es un proceso de cinco siglos, frente a un modelo impuesto
Surge el cuestionamiento de si acaso no es analfabetismo el ver nuestro pasado y no entenderlo, el sentir vergüenza de un pasado; el ser indígena o campesino es un insulto, es ser iletrado, da vergüenza el aceptar que las hierbas de mi abuela si sirvieron para el dolor.
Parece que ese desarrollo al que se le atribuía la esperanza de un futuro mejor, trajo consigo una noción de progreso basado en la ciencia, la técnica, la industria y la economía, un progreso que desconoce el valor del conocimiento no científico, que desconoce la diferencia y nos envuelve en un mundo de necesidades impuestas que al no ser satisfechas nos sumerge en la desdicha compartida.
Encendemos la televisión, hacemos zapping, TV española, alemana, estadounidense, mejicana, peruana, colombiana, alegres en nuestro paseo por el mundo conociendo otras culturas, sin embargo los mismos anuncios de carros todo terreno, de la crema reductora, del Iphone, la tecno nos hace estar más cerca pero también nos uniforma, el .com no dice de dónde eres.
Vivimos alegres por la velocidad de la información, de poder estar en cualquier parte, conocer lo que sea, hablar con quien sea, donde sea, Colombia es entonces “territorio Comcel” y sin darnos cuenta somos presos como dice Morín (2001), de la ciencia, la información y la economía, estándares del mundo occidental.
Paradójicamente cuando más conectados estamos, reinan el individualismo, el egocentrismo y la soledad, prima el interés y el desarrollo individual; así nos ponemos la camiseta “Colombia soy yo”, que más más allá de ser una exclamación de sentido de pertenencia a una sociedad, es un acto de individualismo que desconoce que Colombia somos todos.
Así, vivimos el resultado de la vertiginosa globalización que se aceleró en los 90 Morín (2001), nuestras instituciones científicas y tecnológicas en función de de la competitividad y la economía de mercado, Gaviria inicia la apertura económica e inicia la era de la privatización que llega hasta los medios, la información y la cultura. La economía se convierte en la ciencia social del desarrollo y por ende todos los ministros deben ser economistas, no importa si se habla de agricultura o de educación, se debe manejar el estado con gerentes y como una empresa. (Sánchez,2008; Rudas,2008)
Nuestro país se vuelca en la lucha por el acceso a los mercados, exportar es la meta y la economía debe crecer, la tecnocracia continúa y en Colombia se crea la Alta Consejería para la Competitividad y la Productividad, para quienes la competitividad es el resultado del mejoramiento económico, técnico y el crecimiento del PIB, en función de lograr aumentar el valor producido en una hora de trabajo. (Valencia, 2008;Gómez,2008).
Si en los 90 hubiera leído a Morín, no le hubiese echado la culpa de nuestra falta de fe en el futuro y en el desarrollo al grunge, hubiese pensado que nuestros jeans rotos y la decadencia como característica de nuestra generación, eran la forma de expresión de quienes nos habíamos desencantado del desarrollo; los profesores por su parte hubieran entendido que cuando no quise hacer trabajos que irían a la basura, simplemente era uno más del grupo que perdió la fe en el progreso.
Es necesario romper con la noción de desarrollo, pero cómo hacerlo en un país que le apuesta precisamente al mercado, la técnica, la ciencia y la información como los pilares del desarrollo; cómo hacerlo si las cifras indican que vamos bien, el PIB crece y la economía es boyante, cómo hacerlo si la apuesta es a un país de propietarios y un nuevo Colciencias que le apunta a la técnica?.
Frente a la estandarización, la unificación y la falta de fe, surge una oposición, una serie de grupos que desde diferentes puntos del planeta intenta salvar la cultura y la diferencia, en medio de la crisis emerge una nueva sociedad.
Frente a ese desarrollo mecanicista que pasa por alto lo no calculable, los sentimientos, la alegría, la tristeza, calidad de vida, la estética, desarrollo que olvida que junto a la palabra existe la nobleza, generosidad, honor, conciencia, frente a esta idea de desarrollo, Morín (2001) plantea la necesidad de una meta supranacional, de una sociedad mundo. Cuando todos hablan de evolución, Morín planeta la involución el retorno a las fuerzas creadoras, puede que tenga razón y que desde las artes se haya dado el primer paso, la música fusión que rescata las tradiciones, la pintura de Jacanamejoy, eso si descartando a Nadín Ospina para quien es lo mismo Homero Simpson que la cultura Agustiniana.
Puede que ese interés que se despierta por rescatar nuestros conocimientos tradicionales, por escuchar a los mamos y a los taitas de cuenta de esa cultura que no creo nueva sino reemergente
Puede también que esa visión de subdesarrollo que niega los valores de las culturas y tradiciones, esté cambiando, aunque no por las mejores causas, desde ya se advierten los intereses económicos por aprovechar ese saber ancestral para patentarlo o para hacerlo espectáculo de turismo.
Tenemos el software de una sociedad, su infraestructura pero nos falta la superestructura. Morín (2001)
Frente a un panorama tan oscuro finalmente propone un camino, un camino utópico pero fiel a su teoría de la complejidad, “el evangelio de la perdición”, el cual he adicionado al título del artículo pues lo considero el mayor de los aportes, nos recuerda que no debemos perder la conciencia de la finitud terrestre.
Desde el primer párrafo y a lo largo del artículo Morín deja ver su propuesta sobre la teoría de la complejidad, desde el momento en que nos habla de pensar en el planeta, cuando nos habla del problema de la especialización y cuando nos habla de factores emergentes.
Cuando un sistema no es capaz de resolver sus problemas, no le queda más que morir o transformarse, metamorfosis, regenerarse y este es el punto donde la teoría de la complejidad se hace más visible, Morín a partir de principios de las ciencias naturales plantea el cambio del futuro a partir de la autoorganización, autorenovación, llevando a las ciencias sociales una cualidad puramente biológica, tal cual lo hicieron con la tesis de la autopoiética Maturana y Varela (1973).
Desde ese punto de vista, la humanidad siendo un sistema tiene la capacidad de crear algo nuevo a partir de sí, tal cual las células de los sistemas biológicos tienen la capacidad de regenerar.
En su propuesta Morín(2001) incluye otro principio de la teoría de sistemas y es el azar, la incertidumbre, aquello improbable puede ser probable y precisamente allí deposita la esperanza, si bien Einstein dijo que Dios no juega a los dados, Morín sabe que el azar es parte del juego del futuro. Porque estamos perdidos seamos construyamos el futuro improbable. Morín 2001
Hay sin embargo en su propuesta de una sociedad-mundo algo que genera desconcierto, pues luego de hablar en contra de la globalización, de la unificación y las estandarización, propone una sociedad mundo, propone una política mundial o supranacional, liderada por una instancia como las Naciones Unidas cuyas cabezas son precisamente los países hegemónicos que ha criticado.
Habrá que revisar también si el que sea “una sola”, no es otra forma de estandarización y de qué forma esa “una” respeta las diferentes manifestaciones culturales.
Finalmente Morín nos habla de la construcción de una tierra patria y del destino común, dado que los seres humanos tenemos una identidad común, nuevamente la pregunta que surge es cómo construir un destino común a partir de muchas identidades comunes, es claro que cada individuo es en esencia otro sistema complejo per se.
Bibliografía
Jean Baudrillard, Edgar Morín. 2003. La violencia del mundo.
Gómez, H.J. 2008. Retos de la Competitividad en Colombia. Presentación en Foro Biodiversidad y competitividad. FIMA. Consejo Privado de Competitividad. Presidencia de la República
Varela, Francisco J.; & Maturana, Humberto R. (1973). De Máquinas y Seres Vivos: Una teoría sobre la organización biológica. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.
Valencia, F. 2008. Biodiversidad y Competitividad. Presentación en Foro Biodiversidad y competitividad. FIMA. Sistema Nacional de Competitividad. Presidencia de la República
Sánchez J. 2008. Apuntes de clase fundamentos de Economía ambiental. I Semestre Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo. IDEA . UNAL
Rudas G. 2008. Apuntes de clase fundamentos de Economía ambiental. I Semestre Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo. IDEA . UNAL